El cambio es lo único constante. Quizás aparezca quien lo niegue, pero la realidad se encarga de “darle en la cara”. Y cuando se pierde de vista que la mejor oportunidad para hacer está en el presente, la nostalgia de quien se ha quedado en el pasado o el estrés de quien se ofusca con el futuro centran a quien lo necesite. Muchas veces necesitamos experiencias fuertes para entender que es ahora cuando podemos (y debemos) incidir en la transformación de la realidad.

Y tú, ¿estás haciendo tu tarea?

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El cambio es lo único constante. Quizás aparezca quien lo niegue, pero la realidad se encarga de “darle en la cara”.

Y cuando se pierde de vista que la mejor oportunidad para hacer está en el presente, la nostalgia de quien se ha quedado en el pasado o el estrés de quien se ofusca con el futuro centran a quien lo necesite. Muchas veces necesitamos experiencias fuertes para entender que es ahora cuando podemos (y debemos) incidir en la transformación de la realidad.

La propia pandemia ha mostrado de muy diversas maneras la imperiosa necesidad de ajustar bien el foco para entender y aprovechar los cambios en nuestro entorno.

Aunque para la inmensa mayoría ha habido una especie de estancamiento, lo real es que el tiempo ha seguido pasando y muchos han sabido usarlo para aprovechar oportunidades y avanzar en sus propósitos.

Una muestra clara de eso la tenemos en el hecho de que, con todo y registrarse la caída más estrepitosa en el producto interno bruto global desde la segunda guerra mundial, empresas como Tesla o Amazon han visto incrementar de manera significativa sus fortunas.

Ha de recordarse la revelación de la organización Oxfam, en el sentido de que las ganancias combinadas de las 10 personas más ricas del mundo, durante la pandemia, bastarían para evitar que los habitantes del globo caigan en la pobreza a causa del virus, y pagar una vacuna para todos.

En sentido concreto, empresas relacionadas con tecnología y comercio electrónico han “hecho su agosto” en tiempos en que la inmensa mayoría de la humanidad ha visto disminuir su poder de compra.

Esa realidad ha de representar retos individuales y colectivos. O “nos ponemos las pilas” o corremos el riesgo de seguir “oliendo donde guisan”.

Ha llegado una etapa en la que innovar se ha vuelto más imperativo que hace uno o dos años. Ante nuevas realidades urgen nuevas formas de gestionar lo que tenemos para obtener lo que deseamos.

Enterarse de que un país como Corea, con la mitad del producto interno bruto de República Dominicana hace seis décadas, es hoy líder mundial en innovación, tiene que movernos a preguntarnos, a respondernos y a pasar del dicho al hecho.

Según el más reciente Índice de Innovación de Bloomberg, Corea del Sur se ha convertido en el país más innovador del mundo por el aumento en su registro de patentes, además de su desempeño en áreas como investigación y desarrollo (I+D) y manufactura.

Pero también podemos referir a un país mucho más cercano. Costa Rica ha pasado de ser simple exportador de café y banano para destacar en la fabricación de microchips, y pasar luego hacia la exportación de servicios y tecnología avanzada. 

Por eso “los ticos” se han convertido en una especie de imán para las grandes multinacionales tecnológicas, y han logrado el puesto como país más innovador de América Latina, después de Chile, según el Índice Global de Innovación 2019. Eso también tiene que movernos a preguntarnos, a respondernos y a pasar del dicho al hecho.

De lo que se trata es de motivar la generación de ideas, de seleccionarlas, echarlas a andar y comercializarlas, a la luz de políticas de Estado orientadas al desarrollo y fomento de la I+D (Investigación y Desarrollo).

Quizás nos sirva buscar referentes en la denominada Innovación Abierta (Open Innovation), término acuñado por Henry Chesbrough, a partir de cuyo enfoque la innovación se convierte en una nueva estrategia para ir más allá de los límites internos de una organización y donde la cooperación con elementos externos pasa a tener un rol fundamental.

Sobran los malos ejemplos. Pero también hay muchas experiencias aleccionadoras y estimulantes. Cada uno está en libertad para decidirse por su referente predilecto.

Ha llegado el momento para verdaderas alianzas. Ha llegado el momento para que tanto en el sector público como en el privado se entienda que la mejor vía para competir implica cooperar. Hay que superar el empecinamiento por “dar el zarpazo” y por “comernos al otro”. Así avanzan las sociedades. Así se logra bienestar con sostenibilidad. Así ha de asumirlo quien busca los mejores referentes a la hora de hacer su tarea.