Colombia, mostró el camino, hay una única forma subliminal donde ciudadanos aceptarían más reformas, tributarias y fiscales. Sus recientes huelgas, tiros, protestas nos mostraron el camino consensuado y es este: Sobretasa de impuesto temporal a toda empresa grande; aumentar el impuesto al patrimonio de forma temporal; incrementar el impuesto a los dividendos..

Viene Ley Reforma Fiscal en 2022

AGUAJERO DIGITAL

Colombia, mostró el camino, hay una única forma subliminal donde ciudadanos aceptarían más reformas, tributarias y fiscales.
Sus recientes huelgas, tiros, protestas nos mostraron el camino consensuado y es este:
Sobretasa de impuesto temporal a toda empresa grande; aumentar el impuesto al patrimonio de forma temporal; incrementar el impuesto a los dividendos, aplicar una sobretasa de renta a las personas de mayores ingresos; y profundizar el programa de austeridad del Estado.

Aquí, no nos doraran la píldora, los quisqueyanos somos más berracos que ellos. Revisar impuestos y gastos, o peleamos.

¿Por qué pelear?

Les respondo. Sencillo, cuidado con subir tasas y no bajarlas después, o no cortar gastos superfluos; porque Abinader te juegas una poblada, al estilo "Jorge Blanco, manos limpias" y oposición la patrocinara, datos tengo y daré al DNI.
Si Estado ayudó temporalmente, a todos; esta nación deberá pagar temporalmente más, controlada la pandemia, es justo.

Mire: Cualquier país, sea desarrollado o no, que gasta más de lo que gana va en ruta de desastre, y eso no tiene vuelta de hoja.
El desafío principal está en generar un crecimiento económico que le dé bases financieras sólidas y sostenibles al desarrollo.

Crecimos a tasas chinas, según BanCentral, pero las recaudaciones no, y el drenaje por exoneraciones y sacrificio fiscal hacen débil la elasticidad de cobro al crecer nuestra economía. Eso no puede seguir. Desafortunadamente, la generación de crecimiento tributario está empantanada porque no se quiere asumir el reto como una función de largo alcance y porque las actitudes políticas que imperan son proclives al choque permanente de posiciones entre los actores principales del quehacer nacional.

Es incomprensible que todavía haya tanta resistencia a entender que sólo los enfoques responsables e interactivos son capaces de llevar a soluciones reales y efectivas de nuestros problemas más grandes y urgentes.
Seguir queriendo responderle a la realidad fiscal con parches y remiendos es algo que ya demostró, desde hace buen rato, su inoperancia y su carácter contraproducente. En el caso de la sostenibilidad fiscal se trata de ver los números como son y las posibilidades tal como se presentan.

Dónde están los errores y causas. Creo debemos hacer un mea culpa en un país, donde se bebe, juega y chiripea más que cualquier otro en la bolita del mundo. Mire Cardenal, queremos ayuda del Vaticano y sus millones. Estos son nuestros pecados:

Primer Pecado: La desigualdad ante la ley. Si bien la reforma fiscal con diálogo se pregona como una que buscará romper la tradicional desigualdad entre los contribuyentes, su intento es tímido; casi imperceptible estructuralmente.
Un pequeño grupo de ricos -y no me refiero a quienes ganan 150 mil pesos al mes y que la reforma los califica de altos ingresos- estos seguirán gozando de los favores de un marco legal que les beneficia; no tienen tope a erosionar la base imponible, mientras que otro grupo numeroso (60% de la economía) que se desempeña en la informalidad seguirá al margen del marco tributario, en calidad de ganadores frente a los cautivos, sin que nada, o casi nada les ocurra.

Solución: hasta los informales deben pagar un mínimo mensual y los ricos aún más.

Segundo Pecado: La opacidad. Las medidas efectivas para transparentar a fondo el gasto en todo el sector público brillan por su ausencia y asfaltan el camino de la desconfianza ciudadana. Otra vez, hay promesas sin compromiso efectivo de los gobiernos para frenar la corrupción en el ejercicio del gasto en todos los niveles.

Solución: Cámara de Cuentas debe tener más auditores y publicar resultados mensuales de fallas encontradas.

Tercer Pecado: La complejidad. Reducción de más artículos exentos y de sectores protegidos quienes deben pagar un mínimo, vendan o no vendan como anticipo, debe retomarse en la Ley del ISR y facilitar que un dominicano de a pie declare sus impuestos sin tantas multas por errores. El DGII no puede seguir siendo el lugar santísimo de los contadores donde sólo ellos pueden acceder.

Solución más cursos gratis de tributación a todos.

Cuarto Pecado: La indolencia. El gasto público corriente sigue creciendo de manera imparable, más allá de los vaivenes de la economía y del bolsillo de los ciudadanos. En el Presupuesto 2017 se propuso que el gasto corriente crezca 10.1% real anual -con un notable 5.5% en las pensiones- además de mantener salarios, prestaciones y apoyos descomunales para funcionarios de alto nivel del sector público, principalmente en los organismos autónomos, en el poder judicial y en el poder legislativo. Eso no puede seguir.

Quinto Pecado: El cortoplacismo. En el planteamiento de la reforma se percibe un enfoque recaudatorio de corto plazo, quizá derivado de las presiones por la campaña y elecciones que se engendró con alta deuda internamente. Una reforma enfocada a sustraer más recursos tributarios de los bolsillos de los contribuyentes cautivos para 2021 y que, además, incluye un fuerte endeudamiento del gobierno.
Itebis tiene una evasión normal del 30%, nada se cobra al 100% en RD, pero obligar a tener reportes confiables de ventas y compras es un deber de todo comerciante y no hacerlo trae sanciones y estimaciones arbitrarias del DGII, aquí se debe transparentar todo.

Sexto Pecado: El despojo. El ciudadano no percibe los beneficios tangibles y directos de pagar impuestos. De hecho, en RD la tasa de pobreza no es muy distinta antes y después de los impuestos y transferencias, según muestra la OCDE.
El pago de impuestos es percibido como un despojo sin retribución posterior, máxime cuando el Estado no cumple con los satisfactores mínimos de seguridad pública o de educación.

Espero la próxima reforma nos agarre confesados y que los curas nos absuelvan estos pecados buscando consenso entre los políticos, para su aprobación sin mucho dolor, porque el pueblo dice no pago más, sino bajan sus gastos los jefecitos que son dueños del país desde hace 2 décadas. Quitar exoneraciones, privilegios, etc., Poner a pagar a los informales y subirles tasa a ricos, parece ser el plan.

Gane quien gane, en primarias del 2022 o en generales del 2024, habrá que hacerlo.