Desde que Raymond Aron -filósofo y sociólogo francés (1905-1983)- esbozó los cimientos teóricos-metodológicos para el estudio de la disciplina relaciones internacionales y la categoría “zonas de influencia”, los conflictos bélicos contemporáneos -fascismos, primera y segunda Guerra Mundial; y su consecuente correlato: guerra fría-, así como los actuales conflictos geopolíticos encuentran en la teoría de Aron algún punto de partida teórico-metodológico-conceptual para explorarlos y buscar aproximación explicativa-tentativa a modo de hipótesis.

Redefinición geopolítica-comercial: China-Rusia y Occidente

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Desde que Raymond Aron -filósofo y sociólogo francés (1905-1983)- esbozó los cimientos teóricos-metodológicos para el estudio de la disciplina relaciones internacionales y la categoría “zonas de influencia”, los conflictos bélicos contemporáneos -fascismos, primera y segunda Guerra Mundial; y su consecuente correlato: guerra fría-, así como los actuales conflictos geopolíticos encuentran en la teoría de Aron algún punto de partida teórico-metodológico-conceptual para explorarlos y buscar aproximación explicativa-tentativa a modo de hipótesis.

En esa línea de análisis, podríamos elucubrar sobre las actuales escaramuzas (¿?) China-Taiwán y Rusia-Ucrania; pero sin perder de vista el marco histórico-cultural y la categoría “zona de influencia” que, a nuestro exiguo entender, es el meollo del estado actual de la guerra geopolítica-comercial-cultural disfrazada de lucha por espacios territoriales geográficos bajo amenaza de conflagración bélica a escala mundial que, creo, lo que persigue-exige o configura es una nueva redefinición geopolítica no ya desde la perspectiva del poderío bélico-tecnológico sino desde los mercados y a partir de una realidad innegable: Estados Unidos y Occidente, desde finales del siglo XX, han ido perdiendo influencia y presencia hegemónica mundial hecho que se acentuó desde Obama hasta Trump -incluida la catastrófica salida de Afganistán (Joe Biden) y la dependencia financiera estadounidense de la OTAN- que asumió niveles de repliegue inaudito. Lógicamente, tal realidad o fenómeno contemporáneo amerita un vasto estudio sociopolítico-histórico y de geopolítica por abordar desde una perspectiva global y multidisciplinaria. Ojalá que, algún centro académico o, de pensamiento, lo asuma en algún momento desde una perspectiva holística.

No obstante, una simple lectura nos infiere que además de “zonas de influencia” en juego -Rusia anuncia que podría desplegar presencia militar en cuba y Venezuela, sí Estados Unidos y la OTAN insisten en  influenciar-“prejuiciar” en Ucrania (su referente: golpe de Estado de 2014)-, revela la escaramuza: alguien en algún momento -Estados Unidos y Occidente, podría inferirse- descuidó el equilibrio de poder y ello obliga, desde la cosmovisión China-Rusia a un replanteo de expansión geopolítica-comercial-cultural que ahora debe ser de libre comercio -obviando “zonas de influencia” e ideología-. Estamos hablando de capitalismo puro y no de ideología (ese parece ser el lenguaje chino-ruso, por más absurdo que parezca). Aunque, y hay que subrayarlo, China obvia más el aspecto ideológico que Rusia -ya disminuida-rezagada-, y por su expansión comercial (nueva ruta de la seda) y pragmatismo geopolítico ha sabido sobrellevar-frenar el fenómeno Taiwán. Una lectura que Occidente sabe leer.

De modo que habrá una de dos: o Estados Unidos y OTAN-Occidente se deciden por no aceptar su descuido-repliegue hegemónico-mundial (perdida de influencia y equilibrio de poder, a pesar de su expansión hacia Europa del Este u Oriental-Central -antigua Soviética o bajo su órbita o “zona de influencia”: Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, etcétera; y el caso sui géneris de Hungría y la República Checa) y, en consecuencia, juegan-pactan a la competencia geopolítica-comercial-cultural de expansión, o el conflicto tendrá que dirimirse en el campo de la guerra, que, seguramente, no será convencional ni de “civilizaciones” (Huntington-Sartori), bajo el pretexto de “zonas de influencia” cuando ya sabemos que el problema es de expansión geopolítico-comercial-cultural -y en menor medida, de superioridad hegemónica-bélica-, o más llano-pragmático, de competencia capitalista en su fase o nivel más descomunal científico-tecnológico y de mercado.

Quién lo diría -y es una lectura simplista-: que el “comunismo” terminaría disputándole al capitalismo su razón de ser: colonialismo -contemporáneo o no-, “zonas de influencia” y la oferta y la demanda. Pero, repetimos, esta es una lectura fragmentaria y hasta especulativa sobre un fenómeno que amerita exhaustivos estudios multidisciplinarios para comprenderlo en su justa dimensión histórica-geopolítica y mejor desde el corpus o marco teórico-metodológico que aportó Raymond Aron -desde una visión eclética sociológica-filosófica-.