Cuando muchos años atrás el Lic. Danilo Medina Sánchez recurría a un mensaje aleccionador sobre las relaciones del Estado y la corrupción administrativa, sus declaraciones públicas se constituían en una […] Lastimosa decadencia de un liderazgo .

Lastimosa decadencia de un liderazgo

AGUAJERO DIGITAL

Cuando muchos años atrás el Lic. Danilo Medina Sánchez recurría a un mensaje aleccionador sobre las relaciones del Estado y la corrupción administrativa, sus declaraciones públicas se constituían en una plataforma de confianza de una futura ejecución gubernamental.

Declaraciones tras declaraciones, su discurso constituía una sólida edificación frente a sus compañeros y simpatizantes de que un gobierno suyo sería un ejercicio ético simbolizado ante la Nación por el jefe del Estado.

Le escuchamos decir: “quien ha sido criado en un hogar de buenos principios, se le puede poner en sus manos el tesoro de los EEUU de Norteamérica, y no se manchará tomando un centavo para su beneficio”. 

¿Quién tendría la osadía de poner en dudas que el humilde hogar del que procedía el candidato Danilo Medina, no era un hogar de fuertes principios morales, conociendo como conocíamos a sus honorables ancestros?.

Escucharle edificar al pueblo dominicano de cómo se trataba a quienes se corrompen en los países nórdicos, en Europa, nos hacía esbozar una sonrisa de esperanza y aliento, cuando imaginábamos a un desfalcador del Estado o a un lavador de dinero o a un narcotraficante, entrar en un sitio público y a las personas corriendo de su lado, como se le huye a un mal contagiado.  

Hoy, después de un ejercicio de poder de tan solo 8 años, su figura es completamente diferente a esa esperanzadora imagen de campaña.

Recordamos su reacción ante la prensa, a una pregunta sobre sus consideraciones a las insinuaciones de corrupción en su gobierno, cuando airado respondió: ¡cual corrupción, señáleme un caso!; pero el rumor público señalaba decenas de casos.

Cuando los casos de corrupción eran cometidos por funcionarios de su gobierno, en los que él había depositado su confianza, como el caso de la OMSA y el fraude y asesinato del Dr. Junior Ramírez, el pensamiento de quienes confiamos en Danilo Medina nos conducía a deducir una traición a su confianza, por parte del funcionario.

Ante las fuertes tormentas, las corrientes desenfrenadas arrastran toda clase de basuras y peñascos, y durante algún tiempo no se puede ver el fondo del caudal, pero como dice una canción, con el pasar de los días “el agua se aclara sola al paso de la corriente”.

Por accidente, dentro del mismo mandato de Medina, se vio el fraude cometido por su hermana, la diputada Lucia Medina, con las mochilas del Ministerio de Educación, un festín de prensa que mantuvo a esta señora en la picota pública por meses. Parece que esta sería la llave para ir desempolvando a los allegados del presidente Medina.

El balance a menos de un año de que este malogrado líder fuera desalojado del poder, es un penoso fardo de imputaciones legales, que han llevado a sus familiares a la cárcel, dos de sus hermanos guardan prisión preventiva, sus cuñados son investigados, y su escolta principal, un General del Ejercito, espera por medidas de coerción.

“Cuando llegas a una posición de poder, te aparecen familiares que no conocías, primos que nunca te visitaban, y amigos que no te imaginabas que tenías”. Eso expresó Danilo Medina, antes de ser presidente de la República Dominicana; sin embargo, quienes le ayudaron a enlodar su imagen y su gobierno, no fueron desconocidos que se le acercaron luego de ascender al cargo.

Este pobre ex presidente, es una imagen lastimera del fracaso; suicidio, sometimientos judiciales, deserción y desvinculación de lealtades, y lo más terrible que puede pasarle a un líder: el descrédito definitivo de sus actos y sus palabras.

El sincretismo histórico encarna la crueldad en el nombre de Nerón; en República Dominicana, podríamos estar asistiendo al nacimiento del simbolismo de la corrupción en el mandato de Danilo Medina Sánchez. 

mxmsanchez45@gmail.com