El PLD además de partido político -que aún lo es- goza de un ritual litúrgico sagrado: tiene el don de teorizarlo todo, cual pieza de relojería suiza, dejando todo intacto y a la vez creando espacios vacíos y llenos. Por ejemplo, el Comité Central será una super-legión mientras que, el Comité Consultivo será una ausencia voluntaria, pues ni Pedro, ni Juan ni José, serán, probablemente, consultores recurrentemente, más bien, se autocriticaron-excluyeron.... (en el fondo y la superficie, y por las razones que fuesen -y en honor a la verdad-, fueron los únicos).

El ritual litúrgico

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El PLD además de partido político -que aún lo es- goza de un ritual litúrgico sagrado: tiene el don de teorizarlo todo, cual pieza de relojería suiza, dejando todo intacto y a la vez creando espacios vacíos y llenos. Por ejemplo, el Comité Central será una super-legión mientras que, el Comité Consultivo será una ausencia voluntaria, pues ni Pedro, ni Juan ni José, serán, probablemente, consultores recurrentemente, más bien, se autocriticaron-excluyeron.... (en el fondo y la superficie, y por las razones que fuesen -y en honor a la verdad-, fueron los únicos).

Hace tiempo que escribí que esa membresía era vitalicia, y democráticamente este IX Congreso lo ha ratificado y quedará en el libro de su memoria histórica como la liturgia más solemne: si no hay excepciones -o imprevistos en el libreto-, mil y tantas cabezas, contrariando a Bosch y su emblemático cuento “La macha indeleble”, harán honor a la liturgia sagrada (Ojalá, aunque sean cien, hagan algunos borrones al libreto).

Alguien dirá, con razón pendeja, para qué Comité Consultivo si nadie hará oficio allí: ni misa, ni hora santa, es más, ni siquiera cursillo u horario de oficina. Pero había que crearlo, aunque, quizás, jamás exista pues no basta con nombrarlo.

Y eso que yo soñaba, pendejamente, que, por lo menos, las mil y tantas cabezas iban a darle sentido y vida a algo tan útil y preciado como un Consejo así fuese de ancianos (por su experiencia y sapiencia); pero no, y ni para los nietos… (Oh, Dios, ¡ni siquiera Mándela o Mujica inspira!). 

Finalmente, el PLD ha invertido la categoría histórica de victoria y derrota en la guerra, pues, en su ritual litúrgico, no hay vencidos ni vencedores, ¡sino demócratas al unísono! Y es duro decirlo y aceptarlo: esa suerte, también, es mía; porque tampoco voy a escurrir el bulto, soy culpable-demócrata ¡Vaya paradoja contradictoria!

¡Por algo, soy un eclético…!