Al parecer toda la oposición política se ha opuesto, cuasi al unísono, a la propuesta o iniciativa de reforma constitucional del presidente Luis Abinader a partir de múltiples argumentos y ponderaciones jurídicas-políticas, pero específicamente por considerarla extemporánea y porque su punto central -un fiscal o procurador independiente- ya está dizque consignado en la actual Carta Magna o, porque tal reforma es un subterfugio o ardid político del PRM -que tiene mayoría congresual, aunque no calificada para el caso- para modificar el 50 más uno, pues, según se alega, su techo electoral no alcanza, de cara al 2024, ese umbral constitucional; a pesar de que se ha enlistado, en su propuesta, una serie de aspectos dignos de consideración, debate y posible consenso.

El ñoquismo político-constitucional

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Al parecer toda la oposición política se ha opuesto, cuasi al unísono, a la propuesta o iniciativa de reforma constitucional del presidente Luis Abinader a partir de múltiples argumentos y ponderaciones jurídicas-políticas, pero específicamente por considerarla extemporánea y porque su punto central -un fiscal o procurador  independiente- ya está dizque consignado en la actual Carta Magna o, porque tal reforma es un subterfugio o ardid político del PRM -que tiene mayoría congresual, aunque no calificada para el caso- para modificar el 50 más uno, pues, según se alega, su techo electoral no alcanza, de cara al 2024, ese umbral constitucional; a pesar de que se ha enlistado, en su propuesta, una serie de aspectos dignos de consideración, debate y posible consenso.

No obstante, quien escribe, aunque no sabe un carajo de derecho constitucional; sin embargo, por simple noción ciudadana sabemos que una reforma Constitucional, cualquiera, la antecede una ley en la cual es obligatorio “constitucionalmente” especificar los puntos, acápite o considerando a modificar o, más bien, sobre qué versará dicha reforma. Amen, de que existen artículos, en la actual Constitución, bastante específicos al respecto.

Por esa razón y porque estoy identificado con la propuesta de un fiscal o procurador independiente -que históricamente no lo hemos tenido-, sencillamente porque el “procurador”, desde Joaquín Balaguer -y antes-, hasta hoy, es un funcionario público-judicial -Ministerio Publico persecutor- que responde a los lineamientos o prioridad del gobierno de turno -y con su propuesta hasta el mismo presidente, explícita o implícitamente, lo admite (quizás haya sido el único)-. Negar esa verdad histórica es como negar que nuestro sistema judicial, a pesar de avances, es de colindancias políticas-fácticas.

Por supuesto, que no estoy de acuerdo con excluir políticos, como prerrequisito para ocupar la función de fiscal o procurador; pues ya hemos visto cómo -ejemplo, Brasil, juez Moro-, casi siempre, terminan actuando los llamados “independientes”, “técnicos” o puramente académico o de “carrera” -que serán los mismos, en mayoría, que ingresaron vía colindancia-. Igual sobre la modificación del 50 más uno. Me opongo, a su modificación, porque garantiza más legitimidad y pone un techo electoral aceptable y cuasi obliga a una mejor representatividad al inducir a alianzas, bloques, frentes o coaliciones variopintas (y eso fortalece nuestra escasa cultura democrática).

Dicho todo lo anterior, no veo razón para que, de plano, la oposición se niegue, al unísono, a discutir una propuesta de reforma Constitucional, pues el ñoquismo político-constitucional -la idea o narrativa de que te van a engañar y que no habrá forma de evitarlo- no creo tenga cabidas en viejos zorros políticos donde no hay ni uno solo que no sea reeleccionista o que no haya manoseado la Constitución demostrando que sí “se toca” cuando conviene.

Pero llama mucho la atención el hecho político-significativo de que, prácticamente la oposición; pero sobre todo el PLD, esté girando o coincidiendo con el líder político del “no se toca” abriéndole un escenario de protagonismo político-electoral o de cancha abierta que deja mucho a la imaginación o al masoquismo político, obviando su rol-papel -julio-2020- y su pobre desempeño-descenso electoral. Ese ñoquismo político, de veras, que no lo entiendo -¿o creo que sí lo entiendo?-.

Y ante esa oposición o ñoquismo político-constitucional, vale preguntarse: ¿cuál es o será la estrategia? Si es lo que estoy pensando, por favor, díganles a esos aspirantes o precandidatos que no se vistan porque “no van”. ¿O es que también, ellos -los aspirantes-, son alumnos de la escuela del ñoquismo político-electoral? 

¡No lo puedo creer…! ¡Que pendejismo!