El presidente Luis Abinader ha creado la Comisión para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia Efímera. Esta comisión preparará y coordinará todo lo relacionado con actos, festejos y las publicaciones sobre este acontecimiento histórico. Así como la vida y obra política de José Núñez de Cáceres. 

El desprecio histórico hacia la independencia efímera 

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El presidente Luis Abinader ha creado la Comisión para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia Efímera. Esta comisión preparará y coordinará todo lo relacionado con actos, festejos y las publicaciones sobre este acontecimiento histórico. Así como la vida y obra política de José Núñez de Cáceres. 

Se recordará que el primero de diciembre de 1821, José Núñez de Cáceres, estando al frente de la Capitanía General de Santo Domingo, declaró la independencia de la parte oriental de la isla de Santo Domingo del Reino de España y proclamó el Estado Independiente de Haití Español, lo que hoy es República Dominicana. Este hecho de la historia nacional dominicana ha sido denominado como la Independencia Efímera, porque su existencia, tan solo duró, hasta el 9 de febrero de 1822, aproximadamente 2 meses, ya que fue invadida por el presidente de Haití Jean Pierre Boyer, lo que inició un periodo de ocupación que se mantuvo por 22 años hasta que se declaró la separación el 27 de febrero de 1844 y se proclamó el Estado dominicano. 

Esta medida tomada por el presidente Luis Abinader, me parece una decisión muy importante desde el punto de vista histórico, pues a pesar del desdén con que ha sido vista esta gesta, es punto de partida de innumerables hechos histórico emprendido por vez primera por la que sería unos 22 años después la República Dominicana. 

Por ejemplo, en el ámbito del servicio exterior, podemos citar como punto inicial de las gestiones dominicanas hacia el exterior, la misión diplomática encomendada a Antonio María Pineda, comisionado por José Núñez de Cáceres para comunicar a Simón Bolívar los deseos del nuevo Estado de adherirse y ponerse bajo la bandera de la Gran Colombia. Solo que en diciembre de 1821 el Libertador se encontraba fuera de Bogotá y el flamante diplomático dominicano no recibió la debida atención del vicepresidente de la Gran Colombia, el general Francisco de Paula Santander, ni del general en jefe, José Antonio Páez Herrera. Acción que, les costó a los dominicanos 22 años de dominación haitiana. 

Pero igual, el acta constitutiva del 1 de diciembre de 1821, en su artículo 6, recogido por Virgilio Díaz Ordoñez y citado por nosotros en nuestra tesis de relaciones internacionales, expresaba que otro mensaje se enviara al presidente de Haití, en la parte francesa, proponiéndole un tratado no solo de amistad y comercio, si no de alianza para la común defensa y seguridad de ambos territorios contra invasiones enemigas o de maquinaciones internas. Propósitos de convivencia pacífica entre ambos Estados que fueron rechazados por el presidente haitiano Jean Pierre Boyer, al manifestar que los dos Estados separados e independientes no podían coexistir en la isla. 

Estas dos acciones de política exterior, si bien, son las únicas que realizó la república de 1821, reflejan la grandeza y valentía de aquella acción desarrollada por Núñez de Cáceres, pues se puede observar, el temor, la debilidad y la soledad con que nacía aquella primera república que fue una tara congénita en las relaciones exteriores dominicana por muchas décadas. Y cuando resurge el Estado dominicano, tras la independencia de 1844, con el nombre de República Dominicana, las mismas amenazas se cernían en el horizonte: pobreza y soledad.  

Es por ello que desde 1844 hasta la anexión a España en 1861, junto a una guerra asfixiante contra los haitianos que duró hasta el año 1856, República Dominicana se embarcó en la búsqueda de reconocimiento, de respaldo político, moral y económico con el fin de eliminar la fragilidad del Estado. 

¿Faltó previsión a los patriotas dominicanos? ¿Eran precipitados sus razones y objetivos? A primera vista, la declaratoria de Núñez de Cáceres expresa una búsqueda de liberación similar a la de las naciones del continente, si bien varios de sus objetivos se revisten de características propiamente caribeñas. Se ve claro que los patriotas dominicanos buscan aprovechar la revolución que se daba a nivel continental para alcanzar la autodeterminación y junto con ella erradicar el monopolio español de los altos cargos y del comercio exterior. Los hateros, el grupo social más importante, así como los comerciantes y madereros coincidían en el segundo propósito.  

La Independencia efímera puede verse, además, como una acción preventiva inspirada en las estrategias continentales, buscando anticiparse a los cambios que ocasionaría la aplicación de la Constitución de Cádiz, que como se sabe provocó intensos debates sobre la abolición de la esclavitud, pero eso podría ser motivo de otra entrega. 

La ocupación haitiana poco después de su proclamación y una serie de factores que se sumaron, entre ellos, la falta de coordinación con las fuerzas de Tierra Firme y la gran superioridad de aquel ejército comandado por Boyer, pusieron de relieve la falta de oportunidad y en sentido general, el carácter utópico del proyecto. Sin embargo, este hecho nos permite replantear la convocatoria unionista con la Gran Colombia desde la perspectiva de una isla cuya configuración política y social era la más compleja del Caribe Español.  

A pesar del desdén con que muchos ven esta gesta, para nosotros, con sus luces y sus sombras, la llamada Independencia Efímera se constituyó en la semilla inicial para la libertad y autodeterminación del pueblo dominicano. ¿Usted qué piensa?