Sobrevivimos en un escenario planetario infestado por odios de todos los géneros. Y es una cultura, política y comunicación del odio, y para el odio a diario, sea odio condensado o compartido, hilvanado, cambiante, tenso, entre la vigilia y los sueños. Creo, un odio que sirve para conjugar la práctica de mil conductas envenenadas por sus entrecruzamientos. 

Donde menos lo imaginas habita el odio de clase, convertido en moral de hoy

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Sobrevivimos en un escenario planetario infestado por odios de todos los géneros.                                                                             

Y es una cultura, política y comunicación del odio, y para el odio a diario, sea odio condensado o compartido, hilvanado, cambiante, tenso, entre la vigilia y los sueños. Creo, un odio que sirve para conjugar la práctica de mil conductas envenenadas por sus entrecruzamientos. 

Hay odio de clase, de “raza”, de género, sexual, político, ontológico… el odio que nos inunda con sus umbrales y nos distancia de los otros entre convulsiones antidemocráticas, conservadoras y de castigo que aparecen en todas partes y a toda hora en forma de violencia, rabia, impotencia, desesperación y autoritarismo de derechas.

Es cierto que el odio es viejo compañero de los seres humanos. Su vigencia sigue siendo avasallante y empeora en las condiciones históricas de conquista, coloniajes, guerras o revoluciones. Se recrudece en las relaciones de dominación y explotación o en los intentos que los pueblos hacen por emanciparse, pero no por eso hemos de aceptar fatídicamente que somos animales odiadores por naturaleza.

El odio cancela la igualdad, la libertad, la tolerancia, el respeto a la dignidad y a la autonomía del otro. 
Es impensable una sociedad igualitaria y digna mientras haya gente produciendo odio y vendiéndolo como uno de los más grandes negocios de la Historia. Y es que el odio subsiste tanto en los medios como en los fines del capitalismo agazapado para intoxicar las relaciones sociales.

De un modo u otro, cerca o lejos está entre nosotros el odio de clase. Incluso el odio entre hermanos, compañeros y camaradas. Es imprescindible entender su naturaleza, sus raíces, causas y efectos… combatir un tema de tal complejidad en sus más diversas facetas y su impacto en las visiones y conductas deformadas por las ideologías del odio (racistas, sexistas, integristas que la fomentan) y, derrotarlo… en y con todo lo que tengamos a mano.

Otra cosa es el recurso del concepto “odio” para enfatizar las posiciones de lucha contra hegemónica y por la emancipación definitiva de nuestros pueblos y, entonces, el “odio” adquiere una dimensión semántica de combate no contra las personas sino contra los sistemas de dominación, exclusión, aniquilamiento y envilecimiento de la humanidad. 

Hay que llamar a todos los frentes dignos, y en pie de lucha, a frenar la propagación del discurso del odio contra burgueses y popis y contra todos los grupos llamados “minoritarios”. Viva en Paz.