Lo he escrito: el PLD se encuentra en una etapa crucial de su vida política e institucional y no es de ahora que viene arrastrando una serie de déficits o falencias que, alegato jerárquico, por estar en el ejercicio del poder y, agregaríamos, falta de voluntad política o conveniencia de su cúpula, venía posponiendo.

Disidencia y pluralidad en el PLD

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Lo he escrito: el PLD se encuentra en una etapa crucial de su vida política e institucional y no es de ahora que viene arrastrando una serie de déficits o falencias que, alegato jerárquico, por estar en el ejercicio del poder y, agregaríamos, falta de voluntad política o conveniencia de su cúpula, venía posponiendo.

Esos déficits son varios: a) suplantación orgánica-institucional del Comité Político que suplantó al todo orgánico -el partido-, b) de democracia interna al no renovar, vía elecciones universales, sus autoridades, c) abandono doctrinario-ideológico y predominio del conservadurismo en su cúpula, d) inoperancia de la secretaría general y de todo el secretariado; y e) predominio o involución  política al orientar y privilegiar el partido electoral sobre el partido orgánico-institucional lo que se tradujo, conveniencia jerárquica -y en el poder-, en querer un partido de masas para ganar elecciones, y luego -ya alcanzado el poder-, replegarse hacia el otrora de cuatros que ya no existía desde, al menos estatutariamente, 2001.

De modo que era predecible que un partido atrapado en ese cuadro de déficits democrático-orgánico e institucional -más bolsones-contradicciones de crisis internas por la impostura e imposibilidad de cohabitación de dos liderazgos de diferentes concepciones programáticas de partido y Estado, por el control del partido- el curso normal de las diferencias, matices o pluralidad se saliera de madre y el IX Congreso cayera como Maná del cielo en coincidencia, desafortunada, con la salida del poder vía una derrota electoral.

Ahora bien, una cosa es airear críticas -que quien escribe, por años, y a riegos, la he venido haciendo, dura y directa (¡sin que nadie, siquiera, me llamara!; aunque si, cierta indiferencia-oído); y otra cosa, muy diferente, es dejar de creer en una organización política y caer en la descalificación cuasi personal. Cuando eso sucede, y está sucediendo actualmente en el PLD, lo más lógico, sensato; y hasta de respeto a uno mismo, es irse de esa organización en la ya no se cree ni en ella ni en sus liderazgos, a menos que las intenciones u objetivos futuros o corto plazo sean otros....

Por otro lado, creo que en el PLD se está dando, y no es nuevo, una suerte de populismo de liderazgos, es decir, un fenómeno donde, y quizás como acúmulo de los déficits orgánicos-institucionales, todo el mundo se considera con derechos y méritos a todo; aunque si se mide resultados político-electorales individuales o por áreas-demarcaciones y real “liderazgos” no calificaría más que para escuchar sus majaderías y viveza pequeño-burguesa o de chachara “filosófica” de “lo mío”; o el que confunde liderazgo o resonancia-presencia de opinión pública con liderazgo político. De eso hay mucho en el PLD: de populismo -quizás estrategia, por demás riesgosa- y de una gerontocracia que se resiste al retiro privilegiado: Comité Consultivo.

En conclusión, que, a pesar de todo, el PLD sigue siendo un partido político, de altísima vocación de poder y una impronta de gobierno sin precedentes -por supuesto, con luces y sombras-, pero es cuestión de que sus miembros y liderazgos entiendan dos cosas: que están viviendo una etapa crítica  como organización política y que hay que administrar mejor ese populismo de doble vía, pues ya, sí sigue alentando-complaciendo, no habrá guardia raso.....(además, como dijera el expresidente Sanguinetti, “los liderazgos no se decretan ni se inventan”).

Cierto que el Prof. Juan Bosch fundó y formó un partido de cuadros-líderes políticos -y no es posible, en un partido así, dejar la cabeza antes de entrar, como escribiera en unos de sus cuentos: “La mancha indeleble”-, pero siempre con la visión de privilegiar calidad sobre cantidad. Y ese presupuesto doctrinario-filosófico debe preservarse; aunque el trance y las amenazas actuales quieran arrimar, a esa organización política, a un populismo retentivo-estratégico. ¡Piénsenlo!