Juan Bosch (1909-2001), fue un recio intelectual (autodidacta), cientista social, maestro, escritor, ensayista y político que, quizás, por su temperamento -sumamente complejo, según testimonios de quienes les trataron fuera de la política- y reciedumbre ética-moral, se granjeó simpatía, adherencia y, también, repulsa de múltiples sectores o frentes: trujillistas, balagueristas, religiosos, intelectuales, periodistas; pero, sobre todo, de curas y militares recalcitrantes; más sin embargo..

Bosch y el PLD, chivos expiatorios de sus detractores abiertos y solapados

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Juan Bosch (1909-2001), fue un recio intelectual (autodidacta), cientista social, maestro, escritor, ensayista y político que, quizás, por su temperamento -sumamente complejo, según testimonios de quienes les trataron fuera de la política- y reciedumbre ética-moral, se granjeó simpatía, adherencia y, también, repulsa de múltiples sectores o frentes: trujillistas, balagueristas, religiosos, intelectuales, periodistas; pero, sobre todo, de curas y militares recalcitrantes; más sin embargo, hay una legión de adversarios y detractores que Bosch tuvo -y tiene aún después de su desaparición- solapados que, al transcurrir el tiempo y los vaivenes de la política, han volcado todo su anti-boschismo, sin dejar de reconocer extravíos y excesos de algunos de sus “discípulos, contra lo que él llamó su obra maestra: el Partido de Liberación Dominicana (PLD) que, en honor a la verdad, tiene más realizaciones -20 años de gobierno- que ninguna otra organización política por más que se quiera borrar de la historia y la memoria colectiva.

En nuestra sociedad, y alimentada por una camada de periodistas, “izquierdistas” e intelectuales, se ha dado un fenómeno político curioso -que, consciente o no, pretende reivindicar a Trujillo-Balaguer-: el no reconocer nada loable post-1978; y menos si se trata del PLD y sus gobiernos. Incluso, se quiere llegar tan lejos que la corrupción -un flagelo histórico-estructural y sistémico- es obra y gracia espontánea del PLD, y esa organización es, ahora -para esos impolutos de hojalata-, una suerte de asociación de malhechores. Por supuesto, que no pretendemos vender la mentira de que no hubo gente que se corrompió -2004-2020- y que, incluso, ni siquiera cuidó a Leonel Fernández -que, a pesar de mis diferencias políticas con el expresidente, no creo toda la basura personal-política que se dice sobre él y sus gobiernos- ni a Danilo Medina -aun, si, en juicio oral, público y contradictorio, se comprueban las acusaciones, sobre exfuncionarios y allegados, del Ministerio Público (al margen de la manipulación mediática-periodística y el interés u objetivo político-electoral que subyace), pues habría que preguntarse: ¿qué papel jugaban las tantas veedurías públicas y los responsables de articularlas y supervisarlas?- que, como dijera el extinto Hatuey De Camps, está sabiendo a que sabe “canela fina” y hasta dónde puede llegar la miseria humana de algunos, una vez el oropel del poder muda de inquilino.

Y volviendo al fenómeno de marra: el anti-boschismo periodístico-intelectual de una generación -intelectual-“periodística”- dizque seuda “revolucionaria” que también traicionó sus ideales, pues, en mayoría (“izquierdistas de derecha”) pasó a la periferia de los partidos tradicionales, incluido el de Balaguer, y en ese maridaje, político-ideológico, han dado más bandazo y brinco que carro de concho. Pero ahí están (ellos y sus discípulos -en el poder-) constituidos en paredón de la ética y la transparencia pública bajo el signo de “justicia independiente”; pero con una venda “periodística” que no vio ni denunció como corrió el dinero del bajo mundo en la pasada campaña (2020). Esos niveles, de participación del hampa en la política y aspiración a los poderes públicos, jamás se había registrado en nuestra política vernácula, aunque ya se veía venir -sin que, ningún partido -o varios- o líder, lo repelara con suficiente voluntad y determinación-. Pero esos “periodistas” e intelectuales (impolutos de hojalata), si supieron hacer mutis:  unos, desde la oposición pujando por su candidato y partido; y otros, aunque disfrutando de resorte de poder -2004-2020-, haciendo los trámites para mudar de piel como la culebra….

Entonces, no solo es, como quieren escribir el relato -los boschistas inorgánicos y de la simulación (entre ellos, algunos que otros detractores del político y escritor), que Bosch debería de estar renegando de sus discípulos y de su obra maestra -el PLD-, sino también, que Bosch se estaría revolcando de oír y leer tanta prédica camaleónica-periodística de genuflexos y farsantes disfrazados de jueces, fiscales, periodistas, abogados y redentores sociales -de redes y medios- que juran y perjuran que la corrupción pública-privada, prácticamente, la instauró el PLD . !Que timbales!

Porque en el fondo, además de ajustar cuentas a algunos “corruptos” -que siempre lo habrá en todo gobierno (y los del PLD no fueron la excepción)-, es negar los aportes de Juan Bosch y proyectar su obra -la escuela política que fundó en 1973- como un fracaso. Vana pretensión, pues la obra de gobierno del PLD (en parte, cimentada en la educación política-doctrinaria que Bosch sembró), con sus luces y sombras, está ahí, sino váyase a los anales de los organismos intencionales y descubrirán el feudo-país o colmado que éramos en 1996. O mejor, y a modo de ilustración histórica, a Frank Moya Pons “El gran cambio”.

Ello a pesar del Trujillo y el Balaguer “Padre de la Democracia”. Que ni siquiera eso se le reconoció a Juan Bosch. Sencillo: porque, increíblemente, la “escuela política” que “triunfó” fue la de Balaguer …(y ningún intelectual o periodista -seudo revolucionario-ético- alzó su voz o pluma para protestar y reclamar esa afrenta de toda nuestra clase política -incluido los políticos de “la secreta”- o como lo he llamado: la escuela de la fijación y la amargura que, hasta hace poco, regentearon un periodista y un vate –hasta hace poco “hacedores de opinión pública”, y ahora en el autoexilio dorado (¡Bien ganado!)-, entre una retahíla de frustrados -intelectuales-“periodistas”- que Balaguer malogró política y generacionalmente, no Juan Bosch).

Finalmente, no estamos abogando porque la corrupción pública-privada no sea perseguida, sancionada y castigada ejemplarmente -sin banderías políticas (e incluso, inhabilitando a los poderes públicos -de por vida- a los que resultasen culpables-; sino, porque esa lucha, que debe ser sistemática e institucional, no sea llevada a cabo cual show mediático-político, o peor, que el balance perceptivo -sin pasar el tamiz del análisis exhaustivo sociohistórico-, termine reivindicando a Trujillo-Balaguer, pues, en nuestra opinión, desde 1962, con la excepción del bonapartismo balaguerista 1966-78, el Golpe de Estado a Bosch, la intervención Norteamericana -1965- y el Gacetazo-1978, el país ha avanzado increíblemente -leer el proyecto de Historia del Pueblo Dominicano y El gran cambio, Roberto Cassá (bajo su coordinación académica y una pléyades de acuciosos estudiosos de nuestra historia) y Frank Moya Pons-, sobresalen dos momentos de inflexión histórica: 1978-PRD y 1996-PLD, con sus luces y sombras, pero, cualitativamente, superior -ética, material e institucional- a la dictadura-carnicería 1930-61 y el bonapartismo represivo del sátrapa ilustrado 1966-78. Y en ese trayecto sociohistórico, la figura excelsa de Juan Bosch -sus aportes y su vida proba- y la obra de gobierno del PLD no puede arrojar lo que nos quieren vender una generación o camada de intelectuales y “periodistas” frustrados que Balaguer malogró, amén de que algunos terminaron como peones-voceros de agendas supranacionales y auspiciadores, abiertos o solapados, de proyectos antipatrióticos (y no de gratis).   

Epílogo

Y escribe un eclético que no fue formado, políticamente, por Juan Bosch, pero que le reconoce méritos mas que suficiente ético, intelectual y político para haber sido declarado auténtico “Padre de la Democracia”. Pero ni falta, pues Juan Bosch, como ha escrito y repetido mil veces Euclides Gutiérrez Félix -abogado, político, educador, escritor y figura polémica-, es y será el presidente eterno, ético y moral del Pueblo Dominicano.